Reseña teatral: “Casandra”

Casandra (Estreno). Función sábado 3 de mayo. Teatro Távora Abierto. (Sevilla).
Autora: Diana M. de Paco.
Dirección: Miguel Cegarra.
Iluminación: Pilar Velasco.
Sonido: Lola Solís.
Indumentaria: Marta L. Caro.
Fotografía: Gente Bastarda.
Producción Ejecutiva: Lola Solís.
Distribución: Marta L. Caro.

Casandra, el mito que se hizo carne
El mito se hizo realidad sobre las tablas del Távora. La princesa troyana se presentó ante su público de una manera sencilla, aunque directa, y con un único propósito; contar su verdad frente a la mentira del poder.

mdeCasandra, supone el segundo montaje de una trilogía que ya comenzó Polifonía y que la compañía pretender llevar a cabo con textos de Diana de Paco, quién también estuvo presente en el estreno, culminando dicho proyecto con un último texto que la autora desarrollará en exclusiva para Triade Teatro. Estamos ante una versión diferente a la que nos han contado hasta ahora. En esta propuesta conocemos a la Casandra luchadora, la que habla en nombre de todas las mujeres frente al maltrato y opresión de los hombres. Situación que se representa por el mito a través Apolo quién, al no ser correspondido con el amor de la protagonista, maldice a ésta haciendo que nadie la creyese, a pesar de conservar el don de la profecía.

La protagonista, que parece deambular por un limbo donde cumple una condena, va narrando a modo de soliloquio su discurso que, con gran maestría, nos va mostrando los diferentes sentimientos que la condenan al sufrimiento. El texto se plantea de una manera poco predecible, centrando la atención del espectador en la historia que, aunque podamos conocerla de manera previa, no deja de sorprender esta nueva lectura del mito.
Todo ello bajo un espacio escénico aparentemente pobre, contando con poquísimos elementos en la escena, pero que, desde que entra en la escena Casandra, hasta que llegamos al último oscuro que marca el fin de la pieza, en ningún momento el espectador echa en falta nada que vaya más allá del trabajo escénico de la actriz.
La iluminación y los pocos elementos presentes en la escena, acompañan a la actriz en sus diferentes ambientes. Estamos, evidentemente, ante una obra con una gran carga simbólica donde los elementos; tierra, agua, y fuego tiene su papel bastante importante en el juego escénico.

mdePor supuesto, el protagonismo y gran parte del éxito de esta obra recae en el trabajo de Marina Miranda, quién realiza un ejercicio honesto y sobre todo riguroso sobre las tablas. Una interpretación magnifica, cargada de mucha verdad y a la que hay que sumarle la dificultad no solo de llevar adelante un texto que por su estructura se presenta laborioso de memorizar, sino también por la coreografía corporal que dota al espectaculo de una parte visual muy potente. Y, pesar de que en la obra reina un ritmo pausado, la actriz sabe mantenerse y sobre todo mantener al público en alerta durante todo momento. El ejercicio corporal, componente fundamental de la propuesta, es discreto, no busca ni requiere de estridencias para llamar la atención del espectador, y es ahí donde se demuestra el buen gusto en la dirección escénica a la hora de plantear la dramaturgia.

Sin duda, Casandra es un ejercicio teatral que muestra sencillo algo laborioso y lleno de técnica, además de ser una propuesta que lleva un mensaje cargado de lucha.

Reseña: Alberto Mejías.

Fotografía: La Compañía.

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